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Wallace Stevens -The man with the blue guitar-
miércoles, 6 de agosto de 2003
The man with the blue guitar
Wallace Stevens (EEUU, 1879-1955)


I
The man bent over his guitar,
A shearsman of sorts, The day was green.

They said, «You have a blue guitar,
You do not play things as they are.»

The man replied, «Things as they are
Are changed upon the blue guitar.»

And they said then, «But play, you must,
A tune beyond us, yet ourselves,

A tune upon the blue guitar
Of things exactly as they are.»

II
I cannot bring a world quite round,
Although I patch it as I can

I sing a hero’s head, large eye
And bearded bronze, but not a man,

Although I patch him as I can
And reach through him almost to man.

If to serenade almost to man
Is to miss, by that, things as they are,

Say that it is the serenade
Of a man that plays a blue guitar.

III
Ah, but to play man number one,
To drive the dagger in his heart,

To lay his brain upon the board
And pick the acrid colors out,

To nail his thought across the door,
Its wings spread wide to rain and snow,

To strike his living hi and ho,
To tick it, tock it, turn it true,

To bang it from a savage blue,
Jangling the metal of the strings...

IV
So that’s life, then: things as they are?
It picks its way on the blue guitar.

A million people on one string?
And all their manner in the thing,

And all their manner, right and wrong,
And all their manner, weak and strong?

The feelings crazily, craftily call,
Like a buzzing of flies in autumn air,

And that’s life, then: things as they are
This buzzing of the blue guitar.

V
Do not speak to us of the greatness of poetry,
Of the torches wisping in the underground,

Of the structure of vaults upon a point of light.
There are no shadows in our sun,

Day is desire and night is sleep.
There are no shadows anywhere.

The earth, for us, is flat and bare.
There are no shadows. Poetry

Exceeding music must take the place
Of empty heaven and its hymns,

Ourselves in poetry must take their place,
men in the chattering of your guitar.

VI

A tune beyond us as we are,
Yet nothing changed by the blue guitar;

Ourselves in the tune as if in space,
Yet nothing changed, except the place

Of things as they are and only the place
As you play them, on the blue guitar,

Placed, so, beyond the compass of change,
Perceived in a final atmosphere;

For a moment final, in the way
The thinking of art seems final when

The thinking of god is smoky dew.
The tune is space. The blue guitar

Becomes the place of things as they are
A composing of senses of the guitar.

VII
It is the sun that shares our works.
The moon shares nothing. It is a sea.

When shall I come to say of the sun,
It is a sea; it shares nothing;

The sun no longer shares our works
And the earth is alive with creeping men.

Mechanical beetles never quite warm?
And shall I then stand in the sun, as now

I stand in the moon. and call it good.
The immaculate, the merciful good,

Detached from us, from things as they are?
Not to be part of the sun? To stand

Remote and call it merciful?
The strings are cold on the blue guitar.

VIII
The vivid, florid, turgid sky.
The drenching thunder rolling by,

The morning deluged still by night,
The clouds tumultuously bright

And the feeling heavy in cold chords
Struggling toward impassioned choirs,

Crying among the clauds, enraged
By gold antagonists in air

I know my lazy, leaden twang
Is like the reason in a storm;

And yet it brings the storm to bear.
I twang it out and leave it there.

IX
And the color, the overcast blue
Of the air, in which the blue guitar

Is a form, described but difficult,
And I am merely a shadow hunched

Above the arrowy, still strings,
The maker of a thing yet to be made;

The color like a thought that grows
Out of a mood, the tragic robe

Of the actor, half his gesture, half
His speech, the dress of his meaning, silk

Sodden with his melancholy words,
The weather of his stage, himself.

X
Raise reddest columns. Toll a bell
And clap the hollows full of tin.

Throw papers in the streets, the wills
Of the dead, majestic in their seals.

And the beautiful trombones-behold
The approach of him whom none believes,

Whom all believe that all believe,
A pagan in a varnished car.

Roll a drum upon the blue guitar.
Lean from the steeple. Cry aloud,

«Here am I, my adversary, that
Confront you, hoo-ing the slick trombones,

Yet with a petty misery
At heart, a petty misery,

Ever the prelude to your end,
The touch that topples men and rock.»


El hombre de la guitarra azul

I
El hombre inclinado sobre su guitarra,
Un pobre sastre. El día era verde.

Dijeron: «Tienes una guitarra azul;
No tocas las cosas como son».

El hombre replicó: «Las cosas como son
Cambian en la guitarra azul».

Entonces le dijeron: «Tócanos un aire
Más allá de nosotros, que sea nosotros mismos,

Un aire en la guitarra azul
De las cosas exactamente como son».

II
Llevar no puedo un mundo muy redondo,
Aunque lo enmiendo como puedo.

Canto a la testa del héroe, bronce
Barbado y largo ojo, mas no al hombre,

Aunque le enmiendo como puedo
Y al hombre casi a su través alcanzo.

Si cantar casi al hombre
Es evitar, con ello, las cosas como son,

Decid que es la serenata de un
Hombre que toca una guitarra azul.

III
Ah, tocar al hombre número uno,
Mover la daga en su corazón,

Extender su cerebro en la tabla
Y extraer los acres colores,
Clavetear su mente en la puerta,
Sus alas esparcidas a la lluvia y la nieve,

Golpear sus vivos gritos,
Tocarlos, golpearlos, hacerlos realidad,

Golpearlos desde un salvaje azul
Rasgueando el metal de las cuerdas...

IV
¿Es esto la vida, pues, las cosas como son?
En la guitarra escoge su camino.

¿Un millón de personas en una
Sola cuerda, y en ella todo su ademán,

Y todo su ademán, incierto y cierto,
Y todo su ademán, violento y delicado?

Los sentidos invocan loca y astutamente,
Como un zumbar de insectos en el aire de otoño,

Y eso es la vida, pues, las cosas como son,
Este zumbar de la guitarra azul.

V
No nos hables de la grandeza de la poesía,
De antorchas alumbrando el subterráneo,

De la estructura de las bóvedas en un punto de luz.
En nuestro sol no hay sombras,

El día es deseo y la noche es sueño.
En ningún lado hay sombras.

En nosotros la tierra es lisa y simple.
No hay sombras. La poesía,

Excediendo la música, tomará su lugar,
Su vacío firmamento y sus himnos,

Con poesía nosotros su lugar tomaremos,
Y aún con el rasgueo de tu guitarra.

VI
Un aire mas allá de lo que somos,
Mas no cambiado en la guitarra;

Que sea nosotros mismos, como en el espacio,
Pero no cambiado, excepto el lugar

De las cosas como son, sólo el lugar
De las cosas como tu las tocas en la guitarra,

Lugar, así, tras el compás de cambio,
Percibido en una atmósfera final;

En el momento final, en la forma en que
El pensamiento del arte parece final cuando

El pensamiento de un dios es rocío humeante.
La tonada es espacio. La guitarra azul

Llega a ser el lugar de las cosas como son,
Una mezcla de sentidos de la guitarra.

VII
El sol es el que mueve nuestras obras.
La luna no las mueve. Es un mar

¿Diré entonces del sol:
Es un mar; nada mueve;

El sol no mueve más nuestras obras
Y la tierra vive con hombres que se arrastran,

Mecánicos insectos no muy cálidos?
Y permaneceré en el sol, como ahora

Permanezco en la luna, y llamarlo un bien,
Inmaculado, misericordioso bien,

Aislado de nosotros, de las cosas como son?
No ser parte del sol? Permanecer

Alejado y llamarlo misericordioso?
Las cuerdas están frías en la guitarra.

VIII
El florido, turgente cielo vívido,
El inundante rayo rodador,

La mañana aún cubierta por la noche.
Las nubes tumultuosamente claras

Y el tacto endurecido en frías cuerdas
Que luchan con apasionados coros

Gritando entre las nubes y furiosos
Con los dorados antagonistas en el aire

Sé que mi perezoso y plomizo rasgueo
Es como la razón en la tormenta;

Y sin embargo atrae a la tormenta.
Yo dejo de tocar y la abandono.

IX
Y el color, el sombrío azul
Del aire, en el que la guitarra

Es una forma, descrita mas difícil,
Y solamente soy una sombra inclinada

Sobre las aflechadas, suaves cuerdas,
El artífice de algo que debe hacerse;

El color como un pensamiento que crece
Más allá de un humor, la túnica trágica

Del actor, mitad sus gestos, mitad
Su habla, el atavío de su sentido, seda

Saturada de sus melancólicas palabras,
El clima de su escena, él mismo.

X
Erige más rojas columnas. Tañe una campana
Y golpea los huecos llenos de estaño.

Tira papeles en las calles, los deseos
De los muertos, majestuosos en sus tumbas.

Y los bellos trombones —contempla
El acercarse de aquel a quien nadie cree,

Aquel a quien todos creen que creen,
Un pagano en un coche barnizado.

Tamborilea sobre la guitarra.
Apóyate en el campanario. Grita fuerte:

«Aquí estoy, adversario, para hacerte
Frente, soplando los brillantes trombones,

Mas con un pequeño infortunio
En el alma, un pequeño infortunio,

Siempre el preludio de tu muerte,
El toque que abate a hombres y rocas.»
(...)

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posted by Torre @ 1:32  
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